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Experiencia en La México

Texto: Iker Cué

Como decía el matador Víctor Barrio: “más que defender La Fiesta, hay que enseñarla”, y eso está haciendo falta si queremos que La Fiesta más bonita de todas, siga viva. Los jóvenes necesitan una motivación más grande que un buen cartel para asistir a la plaza, las empresas están haciendo todo lo posible para traer gente a ella, un sacrifico enorme que se agradece y que se ve reflejado cada tarde.

El ambiente de una plaza de toros es único y especial, gente de todo tipo compartiendo una misma pasión: la tauromaquia. La plaza de toros es el único lugar donde puedes llorar de la emoción o del coraje, gritar de la felicidad o del susto, y hasta levantarte de tu asiento por la emoción que genera un toro y un torero al crear un arte único e inigualable. 

No se puede juzgar un espectáculo sin antes experimentarlo, y este es uno de los problemas más grandes de la sociedad, en contra de la tauromaquia. La Fiesta Brava está muy estereotipada por los animalistas, que sin respetar los gustos de la gente, quieren prohibir el arte más bonito de todos, sin conocer lo que en realidad es el ambiente taurómaco. 

Es una fiesta, desde la comida fuera de la plaza, hasta el flamenco después de la corrida; pero lo mejor y más emocionante —desde mi punto de vista— es la hora de la verdad, cuando se encuentra el toro frente al torero creando una danza, una obra de arte inigualable, y tú rodeado de tus amigos, de tu familia, de gente buena y apasionada por el toro.

La tauromaquia es el conjunto de artes más grande que hay: la arquitectura, la música, la pintura, la escultura y la literatura nacen de la emoción del arte provocada por el toreo. 

Afición hay, lo que hace falta es disposición de ir a la plaza. 

A mis 16 años he tenido la oportunidad de vivir el arte y la cultura de la tauromaquia desde muy cerca, he podido conocer toreros, visitar ganaderías y torear vacas. He podido conocer a maestros como Beto Cossio, que en Chapultepec, entrenando el toreo de salón, me ha enseñado el respeto de jerarquías, la importancia de sentirse torero dentro y fuera del ruedo, así como disfrutar y aprovechar cada momento que te da la vida.

Las corridas de mayor expectación pueden no funcionar bien, y una tarde con poca gente puede emocionar más que cualquier otra, eso es lo especial que tiene la magia del toreo.

Ojalá personas de mi generación tengan la oportunidad de visitar una ganadería y conocer el campo bravo, para entender cómo vive el toro, saber cómo es la vida del rey de La Fiesta, y de esa forma entender lo que pasa en una corrida.

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Este artículo fue publicado en el Anuario MATADOR, revista anual con el resumen de la Temporada Grande de cada año.